fiesta fue de carácter privado y por eso no convidé al cuerpo diplomático sino a aquellos con quienes me ligan relaciones de amistad personal. Grace me habló mucho de ti y me dijo que en Lima había estado en constante relación contigo. En casa de él encontré al general Iglesias que no conocía y me sorprendió agradablemente pues yo creía encontrar en él un indio feroz en vez de un hombre de cara simpática y maneras afables. Adiós, cariños para todos de tu Carlos *** 26, Rue Beaujon París, 29 de junio de 1887 Mi querido Manongo: Te mando inclusa para que le des curso, después de leerla, una carta para Cáceres en contestación a una bastante «deconsue» [sic] que recibí de él hace dos o tres semanas. Como verás por la parte de ella en que me refiero al contrato, yo no he tenido el más pequeño conocimiento de las bases bajo las que se estaba negociando ni de las instrucciones del comisionado. No he hablado ni una sola vez con Araníbar ni él ha venido a verme ni yo lo he buscado. En esas condiciones no me era posible ocuparme del asunto directa ni indirectamente. No he sabido que el contrato estaba firmado sino cuando era ya una cosa pública y conocida por todo el mundo en París. Hasta ahora no he visto el texto español del contrato. Lo he leído en inglés en un folleto publicado por el Comité de tenedores de bonos. No digo esto para quejarme porque, al contrario, estoy muy satisfecho de no haber tenido que intervenir en esa negociación. A mi juicio los agentes diplomáticos no deben desempeñar comisiones financieras. Últimamente el Ministro de México en la Gran Bretaña no presentó sus credenciales durante un año porque tenía a su cargo el arreglo de la deuda mexicana. Por lo demás el contrato me parece una farsa. Creo que Grace, no pudiendo encontrar los fondos para concluir el camino del Cerro de Pasco y explotar su negocio, ha imaginado esta manera de levantar fondos hipotecando los caminos e interesando a los tenedores de bonos que tienen 573
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