muy bien arreglada; vive con mucha comodidad y mucha cultura; él es persona muy agradable, muy seria, de cierta ilustración, que ha estado varios años en Europa y que sabe vivir con refinamiento. Su señora es austríaca, bastante buena moza y bien educada. Tienen seis hijos; el mayor, de veintiún años, está al frente de otra hacienda de ganado que tiene su padre en la puna; dos niñas de 16 y 18 años y un muchacho de 14 ó 15 estaban presentes, y después del almuerzo las niñas tocaron bastante bien algunas piezas en el piano. Vi la fábrica de la famosa mantequilla y después de almorzar bien y tomar muy buenos vinos, continué mi marcha a Concepción, deteniéndome en algunos pueblos del tránsito para saludar y beber unos cuantos vasos de cerveza con los partidarios. En Concepción me alojé en el hotel que, como puedes suponer, es de lo peor que puede haber; pero allí se encuentra qué comer y un cuarto en que dormir, y para una noche eso basta. De allí a Huancayo no hay sino cuatro leguas, que se hacen cómodamente en tres horas, porque el camino, como todo el que media entre los extremos de este extenso valle, es llano y muy cómodo. A las diez del día llegó mi amigo el Dr. Arana, que había llegado a Jauja el sábado por la noche y con quien habíamos convenido en juntarnos ayer martes en Concepción para continuar el viaje a este lugar. Salimos a la una de la tarde, nos detuvimos en San Jerónimo. [Incompleta] *** Jauja, mayo 30/1898 Mi querida Teresa: Recibí anteanoche, pocos momentos después de haber llegado aquí, la carta de mi Maricucha, por la que tuve la satisfacción de imponerme de que en casa todos estaban buenos. Yo también lo estoy y listo para asistir esta noche a un baile que me dedica mi amigo don Francisco Vivas, y que me proporcionará la ocasión 522
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