El Perú desde la intimidad

pico, cosa que me parece un sueño a mi edad. El tal pico es lo que más me inquieta y por lo que más deseo regresar oportunamente a Lima. Nada tengo que añadir a ese respecto a lo que te dije en mi anterior y a lo que digo al amigo Viernes en la que te incluyo abierta para que la leas. Naturalmente desde que los Ferreyros no pudieron obtener la libertad de Garland sin el requisito de la carta y este la firmó, no es posible esperar que por ese lado se obtenga cosa mejor para mí, ni aún siquiera que lo pretendan. Tal vez si una persona de influencia y a quien el presidente guardase consideraciones le hubiese exigido el cumplimiento liso y llano de su ofrecimiento de dar el decreto de amnistía, se hubiese obtenido librarnos de la dura alternativa en que nos coloca esa salida de última hora de firmar una carta en tal o cuál sentido. Correa antes de partir aseguró que no firmaba carta alguna. Y que si se le exigía regresaría al destierro. Supongo que las razones de los amigos y de la familia le obligarán a cambiar de propósito y tendrá que pasar por las horcas caudinas. Infórmate de lo que se exija a mis ex compañeros y según lo que ellos hagan procede con los plenos poderes que te tengo conferidos. No quiero singularizarme, y sobre todo no estoy en el caso de hacerlo. Te aseguro que será muy duro para mí tener que enterrar el pico y si llego a pasar por ello, será única y exclusivamente por ti. Será un gran sacrificio que haré por tu tranquilidad. Todos los otros inconvenientes los arrastraría sin la menor vacilación y aún cuando tuviera que pasar por acá un año no firmaría la carta que sólo un imbécil como nuestro Regenerador puede exigir. Basta de este asunto. De salud sigo perfectamente. Ya está sintiéndose un poco de calor, pero el clima está excelente. Son las once y voy a almorzar. Muchos cariños a mis muchachos, recuerdos a los suegros, a toda la santa familia y muchos abrazos para ti. Tu M. Iquique, lunes 27 de octubre/1884 508

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