El Perú desde la intimidad

político a informarse si había llegado la orden de Novoa para que se nos pusiera en libertad. La orden no había llegado y Bulnes hizo en presencia de don Juan Ignacio un cablegrama a don Jovino preguntándole lo que había sobre el particular. Pocas horas después, Arancivia recibió también un cablegrama de su mujer que decía «Amnistía ayer». No nos quedó, pues, duda de que había llegado el momento de regresar a nuestras casas y nos preparábamos para embarcarnos en el vapor de hoy; pero más tarde un oficial enviado por el jefe político, mostró a don Juan Ignacio el cablegrama que acababa de llegar de Novoa en contestación al que se le había dirigido, en el cual dice que la amnistía no es para nosotros sino para los jefes y oficiales del ejército de Cáceres que fueron hechos prisioneros en Lima y estaban sometidos al consejo de guerra. Se fue el gozo al pozo y los compañeros pusieron unas caras más largas que una calabaza. Es realmente muy curioso que se amnistíe a los que fueron hechos prisioneros con las armas en la mano y que a los inofensivos animales que estamos por acá se nos deje en la situación en que estamos. Los diarios de aquí no han dado noticia alguna de Trujillo, pero un amigo que llegó ayer de Arica dice que leyó en un diario de Tacna un cablegrama en el que se decía que después de dos días de combate las fuerzas del gobierno habían ocupado esa ciudad. Si eso es así, supongo que de un momento a otro vendrá la noticia de nuestra libertad, desde que Su Excelencia está comprometido a ello, aunque es de temerse que habiéndose permitido y estando ya en Lima las personas en cuyo favor se interesaron los amigos con quienes contrajo el presidente ese compromiso ya dé este por cumplida su palabra y espere que se le ruegue por cada uno en particular. Ayer por la noche recibió el jefe político cablegrama de Novoa para que pusiera en libertad a don Juan Ignacio, y el pobre viejo está como unas pascuas, después de haber pasado ayer un mal rato. Si es cierta la caída de Trujillo, la libertad de don Juan Ignacio es una circunstancia alarmante y hasta cierto punto autoriza aquel temor. De todos modos me parece que no transcurrirán muchos días sin que llegue el permiso para nuestro regreso y confío en que así sucederá sin tener necesidad de apelar al ingenioso medio que se le ocurrió a mi pobre Coco. He recibido tus cartas del 8 y del 11. Me supongo la vergüenza que te causaría la visita de Ignacita. Y yo, en tu caso, al día siguiente bien 504

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