que echándola de magnánimo permita que regresen los desterrados; pero esto no es sino posible y lo probable es que tendremos que esperar el desenlace final de la contienda. Si Cáceres queda al frente de un grupo respetable y puede sostenerse en Junín puede suceder que se inicien nuevas negociaciones de arreglo, lo que también no pasa de ser posible. Qué vamos a hacer, pues, hija, no hay más que tener paciencia y conformarse con la idea de que en el Perú no basta para no ser desterrado no meterse en la política; y ya que hemos nacido en esa dichosa tierra resignémonos con nuestra suerte, ya que no podemos hacer otra cosa. El miércoles recibí tus cartas del 20 y del 23, y no me explico por qué razón llegó la primera con tanto atraso. De salud sigo bien, aunque la noticia recibida ayer me tiene el espíritu apesadumbrado y excitadísimo; comprendo perfectamente el grado de vehemencia que llegan a tomar las pasiones y odios políticos y me espanta el considerar cómo estaría el alma de Cáceres cuando tuvo que retirarse de Lima destrozado su ejército y dejando triunfante a Iglesias y compañía; por lo que pasa en la mía calculo lo que pasaría en la suya. Esta noche o mañana temprano agregaré a esta algunos renglones. Cariños a mis muchachos, recuerdos a los suegros y cuñados y un fuerte abrazo para ti. Tu M.C. 10 ½ de la noche.- A las cinco de la tarde recibí tu cablegrama, que me ha tranquilizado por lo que respecta a la familia. Estoy inquieto por la suerte de muchos amigos que habían quedado escondidos en Lima y que probablemente se juntaron con Cáceres y tomaron parte en el combate. Uno de los más comprometidos debe ser mi ex colega 566 y dudo mucho que haya resuelto quedarse en Lima; algunos de mis compañeros creen que acompañaría a Cáceres al interior. Deseo mucho conocer la participación que tomó el pueblo en la pelea, que en todo caso supongo que sería alguna. Supongo también que en las tropas de Cáceres se dejaría sentir la falta de municiones; pues es probable 481
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