indigno ni me dan ganas de reducir a nadie a cenizas. ¿Ni cómo habría de tener tan malas tentaciones contra tanta gente, entre la que figura mi tía Rosita Correa, patriota como la que más, y en cuya casa bailaron el 30 de agosto hasta las cinco de la mañana? Que bailen, coman y jaraneen cuanto les dé la gana y dejemos a don Pedro Cosme con su indignación. El domingo fui a pagar algunas visitas que había recibido como antes te he dicho; estuve en casa de Sarratea, a quien no encontré. Después fui a la de Manonga Cabero, 531 mujer de Viel, el cual vino a visitarme y me dio muchos recuerdos de su señora. Estaba en casa y le hice una visita de quince [sic]. Está muy gorda, pero su cara se conserva muy fresca y simpática. Como había recibido tarjetas de doña Matilde Codesido, viuda de Bello, 532 y de su hija, mujer de Lamarca, 533 fui también a visitarlas y me pasó un chasco. Antes de ir, don Juan Ignacio Elguera, que como sabes vive en casa de Lamarca, y que almorzó conmigo y con Correa, me dio las señas de la casa; Elías estaba presente y también me hizo algunas explicaciones y me dio algunas señas; el hecho es que me equivoqué de puerta, toqué la campanilla, me abrieron, entré, salió un hombre que parecía el mayordomo, le pregunté por el señor Lamarca y me dijo que había salido, pregunté por las señoras, respondió que no sabía, entró a informarse, regresó al poco rato diciéndome que también habían salido, saqué de mi cartera un par de tarjetas, las doblé y se las entregué. Regresé al hotel, le dije a don Juan Ignacio, que todavía estaba en el cuarto de Correa, lo que había ocurrido y pensamos que esas señoras habrían estado ocupadas con sus preparativos de viaje, pues al día siguiente se iban a Santiago. Al día siguiente supe por don Juan Ignacio que no habían recibido las tarjetas y que la casa en que me metí no fue la de Lamarca, sino la de un señor Irreverri también peruano, contigua a la otra, y que las Matilde habían mandado pedir las tarjetas diciendo la equivocación en que había incurrido. No te quejarás de que mis cartas son cómicas. Para dar a esta la talla que tiene me ha sido necesario hablar mal del prójimo. Debes tener en cuenta que escribiéndote cuatro cartas cada semana y con la vida retirada que 445
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