El Perú desde la intimidad

también por todos los correos recibe carta suya. Todas esas noticias que el padre daba hasta últimamente de que los chilenos iban a tratar con García Calderón, aun después del mensaje de Santa María y de todo lo ocurrido con Iglesias, iban de aquí, se las comunicaba don Mariano, quien a su vez las tenía de Químper,529 quien no las tenía de nadie sino de sí mismo, pues no eran otra cosa que opiniones de él, ideas propias como las de Américo, el hijo del viejo Evoli. Dejo en paz al pobre don Mariano y a su amigo don José María y me echo a jalarle la tripa a otros. Antes de recibir tus cartas sabía por Correa que las hijas de don José Antonio García iban a asistir al baile de Varela,530 y si a ti te ha admirado, en Correa la admiración que semejante noticia produjo fue estupenda, pues en presencia de él tanto don José Antonio como doña Rosalía y por supuesto más ésta que aquél, se expresaban con frecuencia, todos los días con la mayor severidad y vehemencia contra Rosita Orbegoso por las fiestas que daba y contra las personas que a ellas asistían. Me cuenta Correa que doña Rosalía se ponía como loca y decía: «ya se ve cómo Rosita Orbegoso no es peruana, qué le importa que los pobres prisioneros estén sufriendo; y mis pobres hijas que están viendo del balcón lo que en esa casa se divierten cómo sufrirán». Llegó en su indignación hasta decir que si pudiera a todas las convertiría en ceniza. Correa, pues, que ha sido testigo de todo esto, se vuelve loco de asombro sabiendo que dos de las señoritas García y García figuran entre aquellas a quienes su exaltada madre quisiera reducir a cenizas. Eso que te contó don José Antonio de que una señora chilena muy respetable le había dicho que si los chilenos nos habían hecho mucho daño, las señoras peruanas les echaban mucho lodo con su conducta, me parece muy extraño y, si el hecho es cierto, esa señora será tan respetable como se quiera, pero estupenda malcriada y grosera. No he sabido que a los notables prisioneros les hayan hecho particular mal efecto las noticias de los bailes y diversiones que de cuando en cuando han tenido lugar en Lima; a veces realmente se ha hablado de eso, se ha extrañado, lamentado y criticado; pero no de un modo muy particular y, por supuesto, no he oído a ninguno tan severo como, según me han referido, se mostraron don José Antonio y su señora. Lo que es a mí, poco me ha importado y me importa; también habré lanzado una que otra palabra de censura; pero no me 444

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