Desde que comí en su casa no he vuelto. Una noche que fueron Elías y Correa me exigieron mucho que los acompañara; pero no estaba de humor de salir; no tenía disposición para cambiarme de vestido y les encargué que me disculparan alegando que estaba un poco constipado. A los dos o tres días de estar aquí vino a visitarme don Mariano Sarratea;527 no llegó a entrar a mi cuarto porque yo estaba en el de no recuerdo cuál de los compañeros cuando se apareció y me dijo al verme que precisamente venía a visitarme; le contesté que daba la visita por recibida y que se la agradecía. Fui a pagársela el domingo por la tarde y como no estaba en casa con un tarjetazo salí del paso. Buen chasco me he dado con el tal don Mariano de Sarratea. Había oído hablar tanto de él; había oído citar sus noticias y sus opiniones con tanto misterio y tanta importancia; me había formado tan alta idea de su circunspección, su seriedad y su gran valor, que cuando le conocí sufrí un verdadero desencanto. Su ídolo es Químper; tiene de él la idea más elevada que se puede tener de un hombre; todos los días viene cuatro y cinco veces a su cuarto; las noticias que le da las recibe como del Espíritu Santo y se las cuenta a todo el mundo, diciendo que sabe esto y aquello de la mejor fuente, y mientras tanto esa mejor fuente es Químper, a quien su mujer, doña Elena, le manda sendas cartas con cuanta bola, cuanta mentira, cuanta tontería y cuanto chisme circula por la ciudad y llega a sus oídos; así al menos me lo ha contado otro de los compañeros y creo que es la verdad. El más interesado de nuestros politiqueros no se preocupa tanto de los decretos de Iglesias, las circulares de Vidal García, las montoneras de Puga, las proclamas de Duarte 528 y de cuanto por allá ocurre, como don Mariano de Sarratea, y como muchas de sus informaciones las recibe de Químper y sus juicios sobre las cosas y los hombres son inspirados por él, ya sabemos a qué atenernos respecto a las noticias que transmite y al valor de sus opiniones. Es un viejo de sesenta a sesenta y cinco años, pequeño, delgado, con una larga y abundante cabellera casi blanca que se echa detrás de las orejas, muy activo, bastante vivo, muy amigo de recoger y dar noticias y, eso sí, muy amigo del Perú y criticando siempre con la mayor severidad la conducta de Chile. Todos los correos escribe a su pariente el padre Pinto y 443
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