El Perú desde la intimidad

marcadas las transiciones de una a otra son bien sensibles y producen a veces sus enfermedades; pero con la vida que llevo y ya aclimatado como estoy no abrigo cuidado por mi salud. Viniendo a otra cosa, ¿por qué no asististe al matrimonio de Nicanor? Aquí me han dicho que porque habías recibido noticias de que yo estaba enfermo. Realmente un día tomé una purga y sentí cierto malestar pasajero que al día siguiente había desaparecido, y me parece que ese no era motivo suficiente para que dejaras de concurrir a una ceremonia de familia como esa. Es cierto que la tal ceremonia parece que tomó las proporciones de una gran fiesta; pero de todos modos no creo que hubiera tenido nada de particular que hubieras asistido, aun cuando tu marido esté desterrado. ¿Y cuándo viene ese retrato? Verdaderamente es increíble la pechuga 522 con que ni siquiera te das por entendida del asunto, después de haberme ofrecido mandármelo después de que yo te mandara el mío, cosa a que yo accedí bondadosamente a pesar de haberte hecho el pedido primero y no estar por lo tanto obligado a soportar una condición semejante. Supongo que cuando te hagas retratar te acordarás de todas mis prevenciones; a saber que te hagas sacar en tarjetas pequeñas, en retratos de esos que llaman promenade, largos y angostos, de cuerpo entero, y en retratos álbum; así como que formes un grupo con Mañuco y si es posible con Pepe. No te hagas, pues, la sueca y no me obligues a emplear medidas de rigor. De cosas públicas no sé nada de nuevo; nuestras noticias son las que publican los diarios y sobre todo las que vienen de Lima. Parece que Iglesias marcha muy lentamente. No está, pues, la opinión del país tan decidida en su favor. Lo que es para nuestro país poco tenemos ya que esperar y lo esencial es que termine la ocupación, y para nosotros, volver a nuestras casas. Mientras tanto sigamos con salud como hasta aquí y tengamos paciencia. Te abraza Tu C. *** 435

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