El Perú desde la intimidad

N° 185 Por Correo Valparaíso, sábado 1° de setiembre/1883 Mi querida Teresa: Estoy bueno y sano y como siempre a tu disposición. Al fin está Manuel por allá después de un año de peregrinaciones, incertidumbres e inquietudes. No es extraño que haya llegado delgado y calvo; lo extraño es que algunos de los notables estemos gordos, con pelos en la cabeza y que conservemos el apetito. Así es esta miserable naturaleza humana. Recuerdo que Elías estando en Cauquenes me escribió dándome cuenta de lo hermoso del lugar, de las comodidades del hotel, de lo agradable de los baños, de lo delicado del clima, de la buena vida que se estaba dando, de la salud de que gozaba y de lo bien que estaba, y concluía ese párrafo diciéndome más o menos: este es un sarcasmo del destino, o de la naturaleza (no recuerdo precisamente de quién era el sarcasmo); pues a pesar de los sufrimientos normales el cuerpo engorda y está perfectamente. Por lo que tú me dices, y por lo que una de las García escribe a Correa, veo que con el pobre Manuel no han tenido o usado de ese sarcasmo ni el destino, ni la naturaleza y que su cuerpo ha llegado con la huella de las contrariedades e inquietudes por que ha pasado. Pensaba escribirte hoy; pero se me pasó el tiempo en una tienda eligiendo varios libritos que he comprado para las niñitas y que les mandaré después, y ya no podré hacerlo hasta el miércoles. Dile a Manuelita que le doy orden a Castillo conforme a su deseo y que por el próximo correo le escribiré y le mandaré unas alhajitas y algunas piezas de géneros de hilo rico y de raso bien doble que he comprado para ella. Te incluyo cuatro cartas de gran interés y te ruego les des inmediatamente curso. Felicita a Nicanor a mi nombre, recuerdos a todos y recibe muchos abrazos de Tu C. *** 436

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