El Perú desde la intimidad

Mi querida Teresa: Acabo de escribirte por la Casa y nada de interés tengo que agregar a lo que digo en ella. Sigo bien de salud, salvo un pequeño moquillo que tengo desde ayer, pero que es una cosa insignificante, que no me ha impedido afeitarme y lavarme esta mañana y que no me impedirá ir a comer esta tarde con Elías y Correa a casa de Mr. Viollier. No tengo más que decirte y aquí me despido. Te abraza Tu C. *** N° 179 Por G.R. Valparaíso, sábado 25 de agosto/1883 Mi querida Teresa: El miércoles de dos a tres de la tarde vino Macandrew a mi cuarto a mostrarme un cablegrama que acababa de recibir de Lima que decía «¿Cómo y dónde está Candamo?» Realmente no veo qué pudo asustarte tanto para obligarte a mandar hacer ese despacho. Es cierto que en mi carta del miércoles 8, N° 171, te dije que había tomado una droga y que por hallarme algo cansado postergaba mi viaje a este puerto; pero también lo es que al día siguiente te escribí la N° 172 en la cual te decía que había amanecido bueno y sin resto de malestar; y tanto la una como la otra debiste recibirlas el mismo día, el martes 21, víspera de la fecha del cablegrama. Ya te he dicho que no te oculto nada respecto al estado de mi salud, y si algo más de lo que tuve hubiera tenido, te lo habría dicho con toda verdad. No tuviste, pues, razón para asustarte, y supongo que estarías bastante inquieta cuando no tuviste paciencia para esperar mis próximas cartas que debes recibir hoy. 428

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