los productos. A su vez él me contestó cuatro generalidades sobre el particular que más o menos me dejaron tan en ayunas como antes, y desde entonces no he vuelto a saber del tal novio. A Carlos he escrito varias veces, la última fue el 2 del presente, devolviéndole las cartas de Manuel y contestando una suya en que me hablaba algo del negocio aguardiente. No he vuelto a recibir ninguna suya y Castillo es quien me da aviso de las entregas que le hace por cuenta de la nueva negociación aguardiente. Ve, pues, que esos dos Calderones tienen motivos de sobra para estar quejosos por mi silencio. En lo sucesivo les escribiré más a menudo. 501 En cuanto a las señoritas Candamo, realmente no les escribo en todos los correos; pero nunca transcurre mucho tiempo sin que lo haga, y las últimas cartas que les enderecé, como dice el señor monseñor Roca, 502 fue el 2 del presente remitiéndoles monos. No, no fue el 2, sino el 12; el 2 les escribí mandándoles monos de calcomanía; pero la última vez fue el jueves 12, y entonces les mandé todo el resto que tenía de esos monos. Diles que me dispensen por no haberles escrito en todos los correos y que hago propósito de enmienda. Una cosa que me hace mucha gracia es ver lo parecida que es la letra de Carmen a la mía. El otro día le mostré a Elías el sobre de una de sus últimas cartitas, que estaba escrito con algún cuidado, y se admiró al notar la semejanza de forma de letra con la mía. La gringa va a escribir como hombre y si se tiene cuidado en enseñarle por un método sacará muy regular letra. La de mi comadre también está ganando en claridad; pero ninguna escribe tan bien como la Maricucha; esa letra sí que es cosa buena. Y basta por hoy. Está el tiempo magnífico; hay algunas nubes y el sol está visible; el frío es mucho menos que ayer. Tu marido bien bueno y te abraza. C. *** 406
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