El Perú desde la intimidad

N° 162 Por Correo Chillán, lunes 23 de julio/1883 Mi querida Teresa: En La Época del viernes que recibimos ayer se dice algo respecto a negociaciones de paz con don Francisco García Calderón, tomado de una correspondencia de Valparaíso al Estandarte Católico, que está en armonía con las noticias que te dieron y de que me hablas en tu carta del 10. Algo habíamos oído ya sobre viajes a Rancagua de Isidoro Errázuriz, 499 de que también hablaron los diarios y aun de negociaciones por el intermedio del ministro del Brasil; pero poco crédito he dado a todo aquello, o sin dudar de la exactitud de las noticias, no he hecho gran alto de ellas ni he cifrado la menor esperanza en esas tentativas hechas cuando ya están convenidas las bases de paz con Iglesias; después que el presidente de Chile dijo lo que dijo en su mensaje y después de haberse emprendido la persecución de Cáceres con una decisión y empeño que revelan el propósito firme y decidido de acabar con él como uno de los principales obstáculos para que prospere el gobierno de Iglesias. Esas y otras circunstancias prueban que este gobierno está resuelto a firmar un tratado definitivo con el Regenerador, y siendo así no sabe uno cómo explicarse las proposiciones últimamente formuladas al Provisorio. La verdad es que no sabe uno a qué atenerse y lo mejor que nosotros podemos hacer en nuestra condición, es no preocuparnos de las noticias que corran y esperar con resignación que termine el cautiverio. Viniendo a otra cosa he hallado muy curioso que Nicanor y Carlos estén quejosos de que no les escriba, según me dices en tu carta del 11. Como de aquí puedo darles tantas noticias y decirles tantas cosas interesantes, y como ellos me han dirigido constantemente sendas epístolas, tienen muchísima razón en estar quejosos. Hace meses que recibí de Nicanor unos cuantos renglones preguntándome qué debería hacer para pagar la parte que me correspondía en unos vales a favor de Felipe Barreda 500 de la empresa de ferrocarril. Yo nada sabía, absolutamente nada, de la transacción en virtud de la cual se otorgaron esos vales, ni tenía dato alguno respecto a la empresa y a la aplicación que se había dado a sus productos. Le contesté diciéndole que a Castillo le daba orden para que en las épocas correspondientes le entregara las letras por la parte que me correspondía en tales vales y preguntándole qué aplicación le había dado a 405

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