El Perú desde la intimidad

Sería muy largo entrar ahora a discutir de la emigración que propone por todos sus lados. Desde que estando yo prisionero no podríamos emigrar, nada adelantaríamos con tomar un partido definitivo. Desde luego, la idea de la emigración no me seduce y su realización la vería siempre llena de dificultades. Estemos primero libres y después haremos de nuestra libertad el uso que más nos convenga. A otra cosa. En la carta que ayer recibió Elías de su mujer, le dice esta que había encontrado a Gallagher por la calle, quien le había dicho que yo te había escrito por el último vapor muy desanimado; pero que por el anterior lo había hecho muy animado. Por Dios santo, hijita querida, ¿qué necesidad hay de que las noticias que le doy a mi mujer o las impresiones que le comunico anden de boca en boca en los clubs, en las tabernas y en las calles? No me agrada ni me conviene figurar como origen de noticias tales o cuales y por última vez vuelvo a suplicarte encarecidamente que no digas absolutamente nada de lo que te escribo. Con esta filípica concluyo y me despido hasta mañana. Sigo bueno y sano, lo mismo que los compañeros. Recuerdos a todos, cariños a mis muchachos y muchos para ti. Tu M.C. *** N° 138 Por Correo Chillán, lunes 11 de junio /1883 Mi querida Teresa: Ayer recibí tu carta del 29 por el correo. En esta nada de muy particular tengo que comunicarte. También recibí carta de Viernes del 30 y en ella me dice lo siguiente: 371

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