El Perú desde la intimidad

«Hace tiempo que no veo a su familia, pues en dos ocasiones que fui a verla encontré a la señora fuera de casa pero tuve el gusto de saber que Manuelito va mejor bajo el régimen homeopático». 485 Me añade sobre el mismo asunto algo más que es innecesario repetir. Por otros conductos he recibido noticias de la enfermedad de Mañuco nada tranquilizadoras, no respecto a su estado actual sino al de días pasados. Supongo cuáles habrán sido las mortificaciones por que has pasado, y seguramente una de ellas ha sido el empeño que constantemente y por tanto tiempo has empleado, a fin de evitarme innecesarias inquietudes, para ocultarme la verdadera situación del muchachito. Pero más vale no hablar de este asunto, pues nada se avanzaría con ello, y decididamente no vuelvo a tocarlo. Ayer hemos sabido que desde el 5 del presente don Francisco García Calderón y su cuñado están residiendo en Rancagua. Resueltamente ya no regresa al Perú don José Antonio. Se le ha retirado el ofrecimiento que se le hizo a ese respecto y se le ha comunicado que puede residir en Santiago, en Valparaíso o en cualquiera de los puntos intermedios. Parece que ha elegido Valparaíso en donde es probable que ya se encuentre. Doña Rosalía regresa a Lima. Se nos ha dicho, no sé con qué fundamento, que el gobierno pensó mandarnos más al sur y probablemente cuando se pidió a la autoridad de aquí y de Angol una razón de los prisioneros fue con el propósito de distribuirnos entre algunos lugares de la Araucanía y del archipiélago de Chiloé. Se nos ha dicho también que Su Excelencia ha estado furioso contra los notables; ignoro cuál sea el motivo. Mala es nuestra situación y el aspecto de las cosas nos quita toda esperanza de un pronto cambio favorable. Mi ya tan larga separación de ti y de mis hijos, la enfermedad de Mañuco, la situación de nuestro país, lo sombrío del porvenir y todo el cortejo de inconvenientes y perjuicios inseparables de la condición en que me hallo, me causan por momentos un aburrimiento tan profundo y me ponen de un humor tan negro que no pueden ser más. Felizmente esas son ráfagas pasajeras, pronto desaparecen y mi espíritu queda en la situación tranquila y resignada y hasta alegre de costumbre. Desde ayer he sentido de esas ráfagas y así lo habrás comprendido por el tono de esta carta y el 372

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