El Perú desde la intimidad

M.C. *** N° 137 Por G.R. Chillán, domingo 10 de junio/1883 Mi querida Teresa: Ayer tuve la sorpresa de recibir tu carta del 29 por el correo que no debería haber llegado sino hoy. El vapor «Lontué» hizo un viaje extraordinario y él trajo la correspondencia llegando a Valparaíso con un día de adelanto respecto al vapor ordinario. Me dices que Manuelito sigue aliviado, y como hace varios meses en todas tus cartas me dices lo mismo, no sé qué entender por eso. Supongo que quiere decir que sigue lo mismo, que periódicamente y con más o menos regularidad tiene sus dolorcitos, ya en una parte del cuerpo ya en otra. También recibí ayer con unos renglones de Carlos las cartas de Manuel de 13 de marzo y 13 de abril a Adelina y francamente no me han seducido; sin dejar de creer que realmente sea posible hacer fortuna en esas apartadas regiones de donde escribe y a donde quiere llevar a todo bicho viviente de su familia, inclusive a su padre que tiene más de setenta años; que por cierto no es la mejor época para cambiar de clima, de hábitos, de costumbres, de amistades, de relaciones y de todo, absolutamente todo, lo que forma el medio en que ha pasado toda su vida. El pobre Manuel, asustado con el porvenir de desorden e inseguridad en que a su juicio entrará el Perú quiere a todo trance salir de él. Sus ideas y temores sobre el particular son tal vez algo exagerados y no es probable que lleguemos a un estado tal que no pueda un vecino pacífico salir a la calle sin que le peguen una puñalada o le quiten la comida. En Lima podrá él hacer negocios que le produzcan tanto o más que la crianza de ganados en esos lugares. El capital que él ha llegado a reunir se lo debe indudablemente a su inteligencia y actividad; pero que se han ejercido en un campo de relaciones, amistades e influencias que no habría tenido sino en su país, y sin las cuales no habría logrado nada. 370

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