acontecimientos». Esto es todo. Ya no hay pues que pensar en negociaciones con García Calderón ni con ningún representante del gobierno constitucional. La paz se firmará con Iglesias cuando tenga la suficiente y bien calificada autoridad indispensable para suscribir un pacto definitivo obligatorio para el país. ¿Cuándo sucederá eso? Quién sabe. Mientras tanto no hay más que esperar y tener paciencia. Hemos sabido que a don Francisco García Calderón le han dado orden para internarse a Chillán; ayer debe haber salido de Valparaíso y mañana debe llegar aquí. Parece que esta medida se ha tomado porque han escrito de Lima al gobierno diciéndole que tanto ese caballero como los demás prisioneros tratan de poner inconvenientes por medio de la propaganda que hacen con sus comunicaciones a los arreglos con Iglesias, y qué sé yo qué otras cosas más. Me abstengo de hacer suposiciones sobre el punto de partida de esos chismes y de hablar sobre el asunto, porque a nada conduciría. Ahora falta saber cómo recibirá la opinión de este país y el Congreso la conducta del gobierno respecto a la paz. Ya El Independiente del sábado trae un artículo criticando la parte del mensaje referente al asunto, y es probable que en otros diarios se escriba en el mismo sentido y que en las cámaras se levante más de una voz de oposición. Sin embargo, el resultado final será que lo hecho está bien hecho y que quedan las cosas como se hallan. Buen chasco nos dio la Revista del Sur de Concepción con el modo tan equivocado y torpe con que extractó el mensaje. Aquello de los sucesos desgraciados que habrán impedido llevar adelante el pacto definitivo nos pareció muy extraño; no dejé de suponer que fuese equivocación y así se lo dije a Elías; pero de todos modos quedamos en grandes dudas, de las que salimos ayer leyendo en El Ferrocarril el mensaje completo. En lo sucesivo te escribiré lo menos posible sobre todos estos malditos asuntos de política. Aquí no hemos sabido más que lo que de cuando en cuando escriben uno que otro amigo de Valparaíso; estábamos atentos a las noticias que de allí nos venían y sobre todo al criterio de los que las mandaban. Nosotros no hemos podido en el aislamiento en que nos hemos 364
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