El Perú desde la intimidad

hallado y sin más datos que los muy escasos que de tarde en tarde se transmitían a uno u otro, juzgar por nosotros mismos y nos hemos atenido a los juicios, apreciaciones y opiniones de personas que a veces se alucinan y que siempre están dispuestas a ver las cosas por el lado conforme a sus opiniones, a sus afecciones y a sus conveniencias. Siento por dos motivos la venida a este pueblo de don Francisco García Calderón; por él, por las incomodidades y privaciones que él y su familia tendrán que sufrir, y por nosotros; pues eso de estar aquí con el presidente, y con un presidente con quien no tenemos algunos, especialmente Elías y yo, grandes relaciones, es un reverendo fastidio, aparte de que con ese huésped se tendrá más fija la atención sobre nosotros, y quién sabe cuántas bromas nos vendrán. El pobre Elías recibió ayer otra mala noticia que realmente es para hacerle perder la paciencia. Recibió carta de su apoderado en la que le anuncia que cuando fue a cobrarle a don Lucas León481 el semestre de arrendamiento de la hacienda, León le contestó que no pagaba más arrendamiento, porque iba a dejar el tiempo necesario para recoger su cosecha. El producto de ese arrendamiento era lo único, o poco menos, con que Elías contaba para sostenerse, y privado así intempestivamente de esa entrada tendrá que verse en los mayores apuros, y quién sabe si tendrá que verse en la necesidad de pasar a la autoridad de aquí la cuenta de sus gastos de alojamiento y mesa. Todas estas noticias y el tiempo nublado y lluvioso que tuvimos ayer nos hicieron pasar un domingo bien desagradable, y ni siquiera tus cartas del 22 sirvieron para destruir esa mala impresión, porque de ellas deduzco que Manuelito había vuelto a tener sus dolores, a pesar de que en la que vino por la Casa me dices que continuaba mejor. A mal que no tiene remedio ponerle buena cara. Tengamos paciencia que algún día, si Dios quiere, vendrán mejores tiempos. No sé a qué te refieres en tu carta por el correo al decirme «Las noticias que les van por este vapor los harán apurársenos». No sé qué noticias son esas; hasta nosotros no han llegado, y si fueran de la importancia que revelan tus palabras, hace tiempo que por el cable se hubieran transmitido. Tal vez en Lima circulaban algunas de esas bolas tan comunes que no han llegado a rodar hasta por acá. 365

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