con la persistencia de los dolores de Mañuco. Basta de enfermedades y ciencia médica. Hoy deben haberse embarcado para el Callao Lavalle y Aramburú; ignoro el motivo por el cual se han demorado hasta este vapor. Por mal que les vaya al ministro y al secretario en el desempeño de su famosa misión, desde luego ya han conseguido lo principal para ellos, lo que deseaban a toda costa: salir de aquí y regresar a sus hogares. Me han dicho que al gran Vento lo han puesto preso en Lima las autoridades chilenas y supongo que este chasco debe haber contrariado algo a Lavalle, porque eso de que uno de los principales jefes del partido haya perdido la gracia del protector de la causa no es ciertamente un buen síntoma, y hace temer que la cosa no será soplar y hacer limetas. He visto en La Patria de Valparaíso, tomada de un diario de Arequipa, una biografía del general de brigada don César Canevaro,439 que da a conocer la brillante carrera de ese afamado militar y manifiesta los importantes servicios que ha prestado al país, no solo en las armas sino en la política. Leí la carta de don Nicolás al presidente de los Estados Unidos; es, a mi modo de ver, la cosa más sonsa y ridícula que ha escrito ese gran príncipe, y cuidado que ha escrito algunas otras que bastaban para darle la reputación merecidísima que tiene entre todos los que no están ciegamente enamorados de él, como le pasa al bueno de mi amigo Lavalle. Pero hay otro documento, que por cierto no es escrito por Piérola, que cuando se publique en el Perú va a causar muchas sorpresas. El de don Nicolás no es sino tonto, y ya estábamos acostumbrados a las tonterías de nuestro ex – dictador; pero aquel a que me refiero tiene mucho de eso y mucho más de algo peor. En mucha reserva te diré que es una carta de don Francisco García Calderón al general don Miguel Iglesias de lo más inconveniente, impolítica y estrafalaria, por no decir otra cosa, que se puede ver. Naturalmente Iglesias la hará publicar porque le conviene mucho, y es probable que a su autor le cause mucho mal y le haga perder por completo el prestigio que tenga o pueda tener en la opinión del país. 440 Lo curioso es que en la tal carta se hace una aseveración respecto a los 278
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