cumplir con lo dispuesto en el decreto que impone el cupo. Sin embargo, Juan Seguro vivió muchos años y las molestias y gastos de desocupar la casa y poner los muebles en seguridad están compensados con esa seguridad. Como esas gentes no se paran en muchos escrúpulos, ninguna precaución está de más. Supongo el temor que reinará en todos los que todavía no han sido cupados; estarán con el alma en un hilo esperando leer sus nombres en la próxima lista, y una expectativa semejante unida a las demás calamidades que pesan sobre Lima, tendrá a nuestra pobre tierra en una situación de angustia y malestar insoportables. ¿Y cuándo se acaba esto? No lo sé. Hace bien Heeren en no creer nada de lo que digan sobre la próxima paz. Esta tendrá que hacerse algún día seguramente; pero cuándo llegará ese día es lo difícil de anunciar y aun de suponer. La maldita cuestión Iglesias ha hecho a ese respecto un mal inmenso, y sin ella tal vez a estas horas todo estaría concluido. A pesar de todo, la paz tiene que hacerse pronto. La opinión de este país la desea y no tarda mucho en manifestarse con bastante claridad. Es muy general aquí la creencia de que Santa María no la desea porque le conviene este estado de cosas; pero como los verdaderos intereses de Chile sufren y como prolongándose esta situación pueden sobrevenir complicaciones y Chile ya no tiene nada más que ganar; la gente que piensa comprende que la paz es una necesidad y desean que se celebre cuanto antes. El Congreso se reúne en junio y, como te he dicho en una de mis anteriores, es probable que el gobierno desee tener un tratado ya medio arreglado para esa época. Hasta hoy Lavalle no ha vuelto a tener noticia ninguna de don Mariano Castro Zaldívar sobre su plenipotencia, ni ha recibido la orden de libertad que se le prometió. He leído las magníficas proclamas de Vento 435 y del cholo Antay. 436 No hay duda, ya nos están comiendo los gusanos. No temas que me vuelva a meter en nada que directa o indirectamente se relacione con la política. Estoy curado para toda la vida; y no por el destierro, sino por la pequeñez, la miseria y la prostitución de nuestros hombres; porque eso no es país ni 272
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