El Perú desde la intimidad

*** N° 76 Por G.R. Chillán, miércoles 21 de febrero/1883 Mi querida Teresa: Tu carta del 10 por el correo la recibí hoy y ayer la del 6 por la casa. La demora de esta última ha provenido de que de Valparaíso la mandaron a los baños y de allí regresó aquí. Probablemente lo mismo ha ocurrido con la del 10, a pesar de haber advertido por dos veces en la oficina de correos que no mandaran a los baños las cartas que me vinieran dirigidas a ese lugar. En la que recibí ayer me hablas de esa magnífica negra de tanta y tan buena leche que habías tomado de ama para Pepe, y en la recibida hoy me hablas de otra ama que acababas de tomar. Supongo que en tu carta por la casa me dirás lo que ocurrió con la gran negra, que duró tan poco tiempo en el ejercicio de sus funciones. ¿Con que el pobre Mañuco todavía no está bueno de sus dolores reumáticos? Mucho me fastidia la persistencia de ellos y me parece no sólo prudente sino indispensable que no lo bañes hasta que no transcurra algún tiempo después de estar completamente bueno. No tenía idea, como creo que te he dicho antes, de que a las criaturas atacara semejante enfermedad; pues creía que era exclusiva de la edad madura. Con tal que no mortifique mucho al pobre muchachito y que no le dure mucho más tiempo se puede tolerar; pero de lo contrario la cosa sería desesperante. En los diarios de ayer se publicó la lista de los nuevos cupados y tuve el sentimiento de ver figurar entre ellos a Manuel. 434 Por lo que me dices en tu carta del 10 me imagino las molestias y desagrados que habrán tenido que experimentar en casa de los suegros con la sacada de los muebles y con los trastornos consiguientes a un hecho semejante. No sé si la autoridad, por mucho rigor que hubiese querido emplear, habría ido hasta hostilizar la casa de los suegros, por ser padres de uno de los cupados, el cual es hombre libre e independiente y jefe de su propia familia; estando por añadidura ausente desde hace tiempo, y por lo tanto impedido de 271

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