negociaciones que se seguían en Valparaíso y que, según me han asegurado, estaban ya muy adelantadas. Los diarios de ayer registran un telegrama de Iquique en que se dice que de Lima han salido dos expediciones sobre Cáceres, la una al mando del coronel Arriagada 433 y la otra al del general Lynch. Me han dicho que en días pasados también publicaron los diarios las noticias de haber tenido lugar en Arequipa una parada de todo el ejército mandada por el general Canevaro, y que todos los generales, coroneles y ayudantes estaban deslumbradores con sus hermosos uniformes. Ya me imagino cómo sería eso, y supongo que esa parada ha sido importante cuestión que ya [se] ha estado preparando y organizando convenientemente durante mucho tiempo, y es de desearse que el resultado haya correspondido a los afanes y desvelos que se tomarían. Naturalmente después de la parada habría banquete o por lo menos una buena cervezada con los respectivos brindis, y tal vez por la noche se improvisó un baile que estaría animadísimo. Esperemos con paciencia el resultado que tendrán todos estos enredos y mamarrachos; otra cosa no podemos hacer y mejor es, para no quemarse la sangre, no renegar del país en que uno nació, no hablar ni pensar en estas cosas y aguardar el momento en que nos digan: mándense mudar a su tierra. Mi salud es completa y creo que los baños contribuirán a fortificarla. Elías me ha escrito muy contento de Cauquenes y animándome para que vaya por allá; pero como no tengo necesidad por motivos de salud y otros, no veo fundado en qué podría pedir el correspondiente permiso, aparte de que yo me he propuesto no pedir nada y no quebrantaré mi propósito. De aquí no salgo sino para Lima, excepto, por supuesto, el caso en que se autorice en general a todos y sin indicación de mi parte, a que cada cual vaya a donde le dé la gana. Y sin más por hoy, aquí acabo. Muchos recuerdos a Heeren, Dubois, el doctor y al padre Pinto, que ha estado tan fino contigo. Hasta el miércoles. Tu M.C. 270
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