El Perú desde la intimidad

No es exacta aquella noticia que te dieron de que nos habían autorizado para irnos a donde quisiéramos con tal de no ser al Perú. No hay nada de eso. Cuando uno de los prisioneros solicita por medio de influencias trasladarse a tal o cual punto por motivos de salud y otros, lo consigue con ciertas condiciones y restricciones. Así, últimamente se ha concedido permiso a Derteano para que vaya a Valparaíso por dos meses. Tal vez estando allí logre que esos dos meses se prolonguen. Lo que es para mí, no estimaría ventaja alguna poder ir a residir a Valparaíso o Santiago. Más bien lo miraría como inconveniente, en razón del crecido gasto que tendría que hacer para vivir en uno de esos lugares en un hotel con cierta decencia y comodidad. Tenemos libertad para ir a los baños de la cordillera y eso nos basta, al menos por lo que a mí toca. En mi condición de prisionero lo mismo me es un lugar que otro. Con tal de que el clima sea sano y que tengamos alguna comodidad en nuestra instalación, lo demás no veo que pueda importarnos. Por el correo te mando dos paquetes rotulados a ti que contienen figuras de calcomanía y figuras de papel, de esas que se pegan sobre las hojas de los álbums. Uno de los paquetes es más grande que el otro, y ese es el que contiene las figuras de calcomanía. Cuatro caballos de papel para Mañuco y cuatro muchachitos para todos; el paquete más pequeño contiene varias figuras de esas de papel muy bonitas, y sería una lástima que las rompieran muy pronto. Avísame si recibes ambos paquetes. Las figuras de calcomanía están muy frescas y con ellas pueden las niñitas formar un álbum. Ya estoy yo muy práctico en pegar esas figuras. No hay más que sumergirlas en un plato con agua, tenerlas allí dos minutos más o menos, enjuagarles después entre un paño suavemente y colocarlas sobre el papel en que se quiere pegarlas; se aprietan lo suficiente y se retira con cuidado el pedazo de papel en que estaba primitivamente la figura, y si se ve que alguna parte no ha pegado bien se humedece ese pedazo de papel hasta conseguir que el mono quede bien y totalmente pegado. Yo he echado a perder muchas, y por más cuidado que uno tenga es difícil no malograr una que otra. Las muy pequeñas no necesitan estar en el agua sino un instante. 247

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