de su oreja enferma, le han salido ahora unas llaguitas en la planta de un pie que le impiden andar y tiene que estar metido en su cuarto, que es una tienda con la puerta a la calle, sometido a infinitas privaciones, molestias y mortificaciones. Esa llaguita provino de una ampollita que le salió allí y que se reventó; pero ahora resulta que le han salido varias de esas ampollitas, que el doctor le corta, las cuales le hacen sufrir algo, punzadas agudas, antes de frotar. Antes de ayer tuvo fiebre bastante fuerte, y como su catre está frente a la puerta de la tienda imagínate cómo estará y habrá estado ese pobre hombre metido en cama en esa habitación triste, desarreglada y casi en expectación pública. Él cree que esas ampollitas son verrugas y que ésta es la enfermedad que tiene, cosa que no es imposible, desde que estuvo algunos meses en Huaraz y atravesó la quebrada entre ese punto y la costa, en donde tal vez puede cogerse esa preciosa enfermedad. Ya casi he concluido este pliego con las dolamas 418 de tu marido y de sus compañeros. Ahora te toca a ti. Don Pepe tiene hoy veinte y nueve días de edad y debe estar muy fuerte y lleno de gracias. Me alegraría que de las averiguaciones que hayas hecho respecto a la nodriza haya resultado que las pataletas que tuvo no fueron nada serio, ni son inconvenientes para criar sin peligro al pericotito, ya que tiene bastante leche y que por lo demás no ofrece inconveniente. Hoy al medio día debo recibir tus cartas del 10 y ruego a Santa María Rosa 419 de Lima que me traiga buenas noticias tuyas y de toda la santa familia. Te abraza tu [sin firma] *** N° 59 Por Correo Chillán, lunes 22 de enero del 1883 Mi querida Teresa: Ayer al medio día recibí tres cartas tuyas: los números 3 y 4 por el correo 243
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx