N° 42 [sic] Por G.R. Chillán, miércoles 3 de enero 1883 Mi querida Teresa: Ya se ha repartido aquí correspondencia traída por el último vapor del norte; pero yo no he recibido todavía tu carta del 23, que probablemente llegará mañana. Sigo bien de salud y el constipado ha desaparecido por completo; apenas queda un resto que sólo se hace sentir por las mañanas y espero que dentro de dos días principiaré a tomar mis baños de lluvia. Ayer a la madrugada partieron para los baños de la cordillera, don Dionisio Derteano, su hijo, Forero, Isidoro Elías y Aramburú. Según las informaciones que de ellos reciba iré o no a tomar esos baños. De Europa no he recibido más carta que la de Clotilde, que te incluyo. Yo les escribí a todos a mediados de octubre. Castillo me mandó la carta de Carlos que te mandé; aquella en que me hace el encargo de los sombreros, una de Clotilde y que también te mandé dentro de la mía que se perdió, y una de Virginia con el retrato de Pedrito, que también se perdió, porque iba dentro de aquella; todas esas cartas eran anteriores a mi destierro. Me extraña que Carlos no le haya contestado a Óscar Heeren la que le escribió hablándole de mi prisión y esto no se debe sino a su invencible pereza. El que resueltamente le ha echado la cruz a todo lo que es del Perú, es Arturo. Poco le importa lo que ocurre y pueda ocurrir por allá y hace años que no escribe ni una palabra. Ya me había dicho Óscar algo de aquello del marquesado y realmente me sorprendió mucho porque nunca le había visto manifestar afición a esas cosas, y más bien parecía muy ajeno a todas esas tonterías y vanidades. Tal vez el tiempo y las circunstancias han producido en él nuevos gustos y aficiones; o tal vez por cálculos respecto al bienestar y porvenir de sus hijos se ha lanzado a esas aspiraciones. Acabamos de ver en los diarios de Lima una invitación para acompañar al cementerio el cadáver de la señora Manuela P. de Mendívil, y supongo 227
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