El periodista y la tv

¿Puede un periodista robar documentos, mentir y grabar imágenes y conversaciones sin autorización, bajo la premisa del interés público? ¿Se puede obligar a alguien a hablar encendiéndole una cámara y metiéndole un micrófono, a pesar de haber manifestado su expresa voluntad de no declarar? Este es un largo debate que ha puesto muchas veces entre la espada y la pared a directores, productores, camarógrafos y reporteros de los programas de investigación. Para muchos expertos en el tema, un periodista no es un efectivo de la Policía Nacional ni un miembro del Ministerio Público ni mucho menos un magistrado del Poder Judicial, es decir, no puede ni debe llevar a cabo acciones que están prohibidas para otras personas. Como cualquier rama del periodismo televisivo, en un reportaje de investigación siempre deben estar presentes tanto la imagen como el sonido (la voz del periodista, las declaraciones de los entrevistados y los sonidos ambientales), que se mezclan e interactúan buscando el mejor ajuste, con el fin de que el mensaje que se difundirá sea lo más inteligible que se pueda. En la televisión, como en otros medios de comunicación, el periodismo de investigación no resulta ser un trabajo sencillo. Es más, requiere de mucha discreción y reserva. En él hay una regla de oro no escrita que advierte sobre la necesidad de que el periodista trabaje solo, pues cuanto menos comparta su trabajo con colegas y miembros de su entorno habrá mínimas posibilidades de que se filtren sus hallazgos y pesquisas. Asimismo, un aspecto clave del periodismo de investigación es el buen manejo de las fuentes. El periodista no solo debe identificar una fuente confiable, sino que debe argumentar con solidez acerca de la importancia de declarar para beneficio de la comunidad. En este sentido, un asunto muy delicado que el reportero no puede soslayar es la seguridad de sus fuentes. Al respecto, no debe escatimar recursos y esfuerzos en brindar las condiciones suficientes para asegurar la integridad personal de ellas, así como de las personas cercanas a estas. Por regla general, el buen reportero no debe descartar a priori ninguna fuente, así sea oficial, regular, ocasional, ni documentación accidental, archivos privados o secundarios. Y no solo no despreciarlas, sino que debe conservarlas. El contacto con una fuente de información no es siempre agradable porque se trata de una relación llena de tensiones y revelaciones. El 88

RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx