El periodista y la tv

como ocurrió la noche del domingo 3 de octubre de 2004 en el programa Cuarto Poder de América Televisión. Dicho programa difundió un video de la cúpula de la agrupación política País Posible —luego Perú Posible—, en el que celebraban en torno a una mesa después de conseguir una inscripción supuestamente irregular ante el Jurado Nacional de Elecciones. No era un video contundente ni mucho menos una bomba capaz de hacer tambalear al régimen, pero el presidente Alejandro Toledo perdió los papeles y cogió su celular para provocar uno de los momentos más explosivos de la televisión peruana de los últimos años. El conductor de Cuarto Poder era por esos días Carlos Espá y fue él quien lo entrevistó. El reportaje insinuaba que País Posible había falsificado firmas para conseguir su inscripción en 1998, cosa que involucraba directamente al partido de gobierno. En el video-primicia, se veía a Toledo diciendo: «Ha habido un trabajo exigente, concienzudo, desde las personas que han transcrito, digitado y rechequeado». El principal acusador era Rafael Rey, congresista de oposición vinculado al régimen de Alberto Fujimori y enemigo declarado del régimen toledista. Toledo llamó para quejarse y gritó: «El periodismo que acaba usted de hacer es canallesco y no se lo permito. ¡Es usted un cobarde!». Espá no se quedó atrás. Cuando el presidente lo llamó «innoble», el periodista respondió: «Eso no se lo permito», y levantó el dedo en señal de desafío. Luego, trascendió que Toledo exigió disculpas públicas a Espá y a la directora de Cuarto Poder. El equipo de producción se negó a ceder en su posición y Espá, la directora del programa, Rosana Cueva, y el director periodístico de América Televisión y Canal N, Julio Aliaga, renunciaron, denunciando que la directiva del canal no los había respaldado suficientemente, hecho que fue negado por José Antonio Miró Quesada Ferreyros, entonces presidente de directorio de Plural TV, empresa propietaria de ambos canales de televisión. Más allá de estos conflictos directos entre el poder y la prensa, los programas de investigación enfrentan, algunas veces, grandes cuestionamientos sobre sus límites en el momento de investigar. El uso de grabadoras ocultas, cámaras escondidas o exponer a situaciones de riesgo a personas que declaran ante cámaras son cuestionados muchas veces por la posibilidad de que se esté violando la ley para obtener información. Por tanto, el proceso de investigación requiere que el reportero sea consciente de estos límites, trazados por la ética, el criterio profesional y el sentido común. 87

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