crea la oportunidad para el ataque sorpresa. Una cortina de humo es, por tanto, un artificio de ocultación y, en este caso, se trata de un escamoteo informativo, de una distracción de la opinión pública. La cortina de humo se empleó con mayor énfasis durante esta época para evitar que la gente vea lo importante: falta de democracia, crisis económica, corrupción, etcétera. La aparición de «noticias» cubiertas profusamente por la televisión, como la virgen que llora y sus derivados, el monstruo de los cerros o los pishtacos marcaron una época en las pantallas y las mentes de los peruanos. No obstante, con el advenimiento de la actual democracia, la tendencia no ha desaparecido, sino, por el contrario, persiste, en algunos segmentos, dentro de la llamada «civilización del espectáculo», denunciada por Mario Vargas Llosa en su libro homónimo, que contribuye a «la creciente banalización del arte y la literatura, el triunfo del amarillismo en la prensa y la frivolidad de la política… síntomas de un mal mayor que aqueja a la sociedad contemporánea: la idea temeraria de convertir en bien supremo nuestra natural propensión a divertirnos» (2012, p. 226). En consecuencia, la existencia de una pluralidad de medios que otorguen diferentes opciones informativas a la audiencia, la sólida formación de los periodistas y el establecimiento de una línea editorial clara en cada medio de comunicación son necesarios para que la noticia no se convierta en un espectáculo que, finalmente, compita de igual a igual con programas tan heterogéneos como series, concursos o reality shows. En este contexto, las cifras de audiencia proporcionadas por el Instituto Brasileño de Opinión Pública y Estadística (IBOPE Media) no deberían erigirse en el factor preponderante para valorar una noticia, sino su importancia informativa, la cual muchas veces queda relegada a un segundo término por esta consideración. Si dejamos que los contenidos y las formas narrativas se seleccionen teniendo como criterio supremo el impacto que puedan causar en la audiencia, los periodistas estaremos perdiendo nuestra capacidad de suministrar información relevante, de la forma más rigurosa posible. Es necesario oponerse férreamente a esta banalización de los contenidos basados apenas en el movimiento del gusto de los televidentes, el cual puede ser pendular. Una muestra de ello es que si antes reconocían como atributo lo edificante, lo formal y lo sobrio —por ello el mayor interés en asuntos políticos, económicos y culturales—, en la actualidad estiman lo 41
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