intrascendente, ligero e insustancial, propio de los trascendidos relacionados con el mundo de farándula y el deporte (particularmente el fútbol), o relatos dramáticos, escandalosos y violentos que mueven a la compasión o al arrebato, desde una propuesta no muy virtuosa de lo que sería el sano entretenimiento. Al enfatizar las tragedias, las situaciones límite y la violencia, la televisión nos permite obtener la ilusión individual y colectiva de que, por más miserables, terribles y desastrosas que puedan estar nuestras vidas, hay alguien que la está pasando peor. Por tanto, el abatimiento y la angustia, por simple contraste, se convierten en una sensación de alivio, fortuna o consuelo. La cobertura de temas de interés humano ha disminuido notablemente. En su lugar, se le está dando un espacio exagerado, destacado y predominante a las desgracias personales y a los desastres naturales, así como a escándalos, denuncias y destapes que poco aportan para solucionar los verdaderos problemas de fondo que atañen a la comunidad. La televisión peruana se encuentra actualmente sumergida en lo que el especialista en medios, Emili Prado denomina la espectacularización de la realidad, quien refiere, además, que existe un aligeramiento en los contenidos y un mayor protagonismo de los aspectos espectaculares de la realidad y los acontecimientos (2003, p. 185). Se trata de los índices de audiencia, la competencia y, por ende, la rentabilidad de su programa. Esto prima a la hora de asignar una comisión a sus reporteros e incluso en la forma en que estos presentarán noticias, con el fin de que abunden en los detalles que consideran que atraerán más audiencia. Para analizar el periodismo televisivo, a decir de García Avilés, es necesario, por tanto, tomar en cuenta estos factores y también nuestro contexto cultural, ya que responde a determinados planteamientos como estereotipos, creencias políticas y hasta religiosas que influyen en los periodistas, los propios productores y directores a la hora de decidir una cobertura periodística o que debe ser o no mostrado en televisión (2007, p. 53). Es necesario tener también en cuenta, parafraseando a este investigador, que el periodismo televisivo peruano aún dista de estar completamente alineado con las tendencias globales que le permitirían una identidad compartida universalmente que trascienda las fronteras geográficas y culturales. 42
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