El periodista y la tv

sobre todo cuando los canales de televisión, impulsados por las ganancias, buscan desvincularse de hechos que consideran poco atractivos en términos de audiencia. Estamos, pues, frente a una paradójica situación: si la televisión no está presente en el momento en que ocurre un hecho, este carecerá de importancia para la vida de los ciudadanos, así pueda movilizar a miles o millones de personas y contribuya a un dramático cambio en la vida política, social y económica de un país o una región en el mundo. No obstante, las duras críticas de la opinión pública a estas omisiones, realizadas por razones comerciales, parecen estar dando un giro de tuerca en la cobertura noticiosa televisiva. Por ejemplo, la televisión brasileña se vio obligada a suspender sus sintonizadas telenovelas para transmitir las protestas callejeras por el alza de pasajes en junio de 2013, cuando fue blanco de encendidas reclamaciones de sus espectadores por la escasa cobertura que estaba dando a esos hechos y, cuando lo hizo, fue apenas bajo el binomio violencia-no violencia. Un contraste, si lo comparamos con lo que ocurrió en el Perú en 2000, cuando se realizaba la Marcha de los Cuatro Suyos: a pesar de la magnitud y relevancia, pasó casi inadvertida por la mayoría de los canales de televisión nacional. Casos como estos inciden en la necesidad de contar con una televisión pública —ofrecida por el actual gobierno del presidente Ollanta Humala y antes por los de Alan García y Alejandro Toledo—, pero este requerimiento aún permanece como mera promesa realizada en las campañas electorales. El establecimiento de una auténtica televisión pública, ajena al control directo gubernamental y administrada por directivos independientes, abriría un nuevo espacio en el Perú y permitiría la creación de una señal que incorpore algunas noticias segregadas de las pautas de los programas periodísticos de los canales privados por consideraciones como la cantidad de televidentes que las observarán y, por ende, su interés comercial. Esto evitaría que algunos hechos de relevancia no desaparezcan o no sean incluidos en la historia porque no fueron cubiertos por la televisión nacional. Sucede que las noticias transmitidas a través de las pantallas, además de convertirse en un archivo audiovisual de la memoria colectiva, establecen formas de la conciencia histórica. En este punto, la televisión pública tiene 37

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