Las ideas y opiniones previas del público tienen un efecto en el horizonte social que se erige a través del acceso a la información. Es precisamente allí, en el acceso a la información, donde el periodista televisivo tiene un rol protagónico para interpretar el contexto (la realidad) e influir sobre la percepción que el televidente tendrá acerca del hecho después de observar el reportaje. Debido al escaso tiempo, el periodista televisivo no puede abusar del discurso argumentado y, en consecuencia, organizado frente a una audiencia particular, con lo que dejaría de lado los valores que le sirven para fundamentar los hechos que revela. Lo que puede hacer es inducir al televidente a que establezca un juicio de valor sobre los hechos presentados. El texto periodístico y su juicio de valor a los que Araceli Soní Soto se refiere (2011, p. 328) se enfatizan sobre la base de un plan que considera quiénes son los enunciantes y el contexto en el que se encuentran, con el objeto de regular juicios colectivos. Esta condición es crucial para analizar su influencia sobre la agenda de los medios y su efecto en la opinión pública por la importancia que la televisión adquiere sobre nuestra percepción de los hechos. ¿Qué es importante y qué es secundario? ¿Quiénes son los protagonistas y quiénes no lo son? ¿Apenas aquellos que aparecen en la televisión? Así, en medio de esta apariencia lógica y verosímil se hallan los vacíos y las ambigüedades que los televidentes tienen que completar con lineamientos estratégicamente pensados, acordes con la organización estructural, las características técnicas y expresivas de los medios de comunicación, y su inevitable circunscripción ideológica. En este sentido, el vacío en la información es sustituido por imágenes o el sonido que se completarán por medio de una suerte de concreción. Asimismo, el periodismo televisivo usa recursos visuales que recrean supuestamente la realidad, simbolizando o representando sus diversos aspectos, sobre la base de los criterios de lo noticioso, los cuales son enriquecidos por el mensaje, la potencia del sentido, la proximidad y la actualidad. El uso o el abuso del silencio, referido tanto a la ausencia de información detrás de la expresión como a la ambigüedad de lo dicho al saber lo que se omite, inclina el sentido en determinada dirección y la interpretación imaginada está condicionada por factores de distinta índole (p. 329). 22
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