El lenguaje oculto del altiplano

31 monótono; carece de cualquier atisbo de agilidad o ligereza aérea. Cada paso representa el peso intolerable de los grilletes. El danzante avanza arrastrando los pies sobre las piedras, inclinando el torso de manera uniforme y acompasada de un lado a otro. Este balanceo masivo y colectivo simula la fatiga crónica y el vaivén agónico de los cautivos marchando amarrados unos a otros en fila india, subiendo las pendientes heladas a más de 3,800 metros de altitud bajo la amenaza constante de los guardias. La vestimenta que portan los morenos es la manifestación física y textil de ese cautiverio histórico. Los pollerines cónicos, rígidos y monumentales, junto con las enormes hombreras cuadradas confeccionadas con capas gruesas de cartón, cuero y bordados densos de hilos metálicos que en la actualidad superan con facilidad los treinta kilos de peso no fueron creados para la comodidad de la fiesta. Esta vestimenta evoca de forma directa la indumentaria pesada y las mantas burdas impuestas a los esclavos para evitar que

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