20 quienes al final de la obra terminaban arrodillados, humillados y vencidos bajo los pies del Arcángel San Miguel. No obstante, esta estrategia pedagógica sufrió un vuelco absoluto e imprevisto debido a la estructura mental y la astucia intelectual del poblador andino. En la cosmovisión prehispánica andina no existía el concepto del mal absoluto, de la culpa heredada ni de un lugar de castigo eterno para las almas. El mundo de abajo, que los traductores españoles equipararon apresuradamente con el infierno de la Biblia, era en realidad el Uku Pacha: el vientre profundo, oscuro y húmedo de la Madre Tierra, un espacio sagrado y de alta reverencia de donde brotaban las semillas de los alimentos, las fuentes de agua dulce y las ricas venas de mineral. Las entidades divinas que habitaban estas profundidades, como el Anchancho, el Supay o los espíritus telúricos, despertaban un temor reverente y exigían ofrendas constantes, pero no eran seres malvados por naturaleza; eran dadores de vida, abundancia y riqueza si el ser humano los trataba bajo la estricta ley andina de la
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