16 confiscaron, las intervinieron y reescribieron por completo sus significados. El teatro misional jesuita introdujo pasajes bíblicos intrincados, representaciones de la pasión de Cristo, la vida de los santos y alegorías morales sobre el destino del alma en el cielo o en el infierno, obligando a los nativos a poner el cuerpo para escenificar estas historias occidentales. De este modo, los movimientos corporales que durante milenios habían adorado al Sol o a la Madre Tierra fueron redirigidos estratégicamente hacia la liturgia de la Iglesia católica. Sin embargo, este proceso histórico estuvo muy lejos de ser una recepción sumisa o una asimilación pacífica de los valores del conquistador; por el contrario, fue un espacio de violento, sofisticado y brillante sincretismo artístico y resistencia solapada. Los músicos, artesanos y danzantes andinos aceptaron los formatos occidentales, las telas europeas y los libretos sagrados dictados por los sacerdotes, pero los rellenaron clandestinamente con sus propios conceptos sagrados. Detrás de la pintura o la escultura de una virgen católica, el danzante
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