El lenguaje oculto del altiplano

17 continuó adorando secretamente a la Pachamama; detrás de la armadura y la espada de Santiago Apóstol o San Miguel, siguieron invocando al rayo y al trueno (Illapa). La música de las misiones adoptó la polifonía y los instrumentos de cuerda de Europa, pero retuvo con terquedad las escalas pentatónicas y el pulso rítmico nativo. Las iglesias de Juli se erigieron, así como el gran laboratorio cultural donde se fraguó el mestizaje del Altiplano: un territorio de frontera donde el arte colonial impuesto y la resistencia indígena se trenzaron de forma indisoluble, dando origen a las primeras expresiones de las danzas híbridas que hoy constituyen el patrimonio y la identidad de Puno.

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