El lenguaje oculto del altiplano

15 en templos cerrados que pudieran demolerse con facilidad; estaba grabada a fuego en los cerros, en las fuentes de agua, en las cuevas y, fundamentalmente, en el mapa muscular y la memoria corporal de los pobladores. Ante esta realidad, los misioneros jesuitas diseñaron e implementaron una estrategia de conquista espiritual mucho más sofisticada, duradera y sutil: el teatro misional, la dramaturgia sacra y la pedagogía de la imagen. Decidieron transformar las monumentales e imponentes iglesias barrocas que levantaron con mano de obra indígena en Juli, como San Pedro, San Juan de Letrán, La Asunción o Santa Cruz de Jerusalén, en colosales escenarios artísticos y coreográficos donde la liturgia se mezclaba con el drama. Los sacerdotes quedaron impactados al descubrir la inmensa facilidad interpretativa, el oído musical y la predisposición natural que poseían los nativos para el canto polifónico, la expresión mímica y el desplazamiento coreográfico comunitario. En lugar de prohibir estas manifestaciones corporales, los jesuitas optaron por un camino más astuto: las

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