El lenguaje oculto del altiplano

14 estrictas. En este complejo mapa de dominación, la Compañía de Jesús (los Jesuitas) identificó un punto de operaciones perfecto a orillas del sagrado Lago Titicaca: la ciudad de Juli. Fundada con una visión de largo alcance político y religioso, Juli se transformó rápidamente en un gigantesco centro de irradiación doctrinal, lingüística y artística que le valió el título de la "Roma de América". Fue en sus recintos donde se instalaron las primeras imprentas de la región con el objetivo de publicar gramáticas y catecismos en lenguas originarias como el aimara y el quechua, buscando descifrar la estructura mental del indígena para destruirla desde adentro e implantar la nueva fe. Los jesuitas, hombres dotados de una profunda formación teológica y una aguda observación antropológica, comprendieron muy pronto que pretender erradicar las creencias religiosas andinas apelando exclusivamente a la violencia física, la tortura o la destrucción rústica de ídolos de piedra era una empresa condenada al fracaso y propensa a desatar rebeliones sangrientas. La fe del habitante andino no estaba resguardada

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