El imperio inka

entendido por ellos quán gran trabajo sería caminar por tierra tan larga y adonde a cada legua y a cada paso avía nueva lengua y que sería gran dificultad el entender a todos por yntérpretres [sic], escojendo lo más seguro ordenaron y mandaron, so graves penas que pusieron, que todos los naturales de su imperio entendiesen y supiesen la lengua del Cuzco generalmente, así ellos como sus mugeres, de tal manera que aún la criatura no oviese dexado el pecho de su madre quando le comensaçen a mostrar la lengua que avía de saber (Cieza de León, [1551]1985, pp. XXIV, 72). Por lo demás, serán los propios españoles quienes jamás se cansarán de alabar el uso generalizado de la lengua, llamada precisamente por ello «verdaderamente general». Lo confiesa el mismo Cieza, temprano viajero incansable, al constatar en persona el carácter ecuménico de la lengua: «digo que fue harto benefiçio para los españoles aver esta lengua, pues podían con ella andar por todas partes» (Cieza de León, [1551]1985, XXIV, p. 73)5. Pues bien, la lectura del pasaje previo del soldado cronista requiere de al menos tres precisiones, de modo que el texto pueda ser entendido en su justo alcance. La primera tiene que ver con la naturaleza compulsiva de la obligatoriedad en el aprendizaje de la lengua: según lo señalan las propias fuentes, dicha prescripción alcanzaba a la nobleza dirigente local y no necesariamente al pueblo en su conjunto (Acosta, [1588]1954, pp. IV, VIII, 517; Anónimo, [1594]2008, p. 59). La segunda concierne a la expresión «lengua del Cuzco», ya que por ella debemos entender no precisamente la variedad predecesora del cuzqueño moderno sino la llamada «lengua general», tal como esta aparece descrita por su primer gramático (Santo Tomás [1560] 1994a, 1994b), y del mismo modo en que emerge de los textos quechuas registrados por Betanzos ([1551]1996), Cieza de León ([1551]1985) y Pedro de Quiroga ([1569]2009), entre otros. La tercera, en fin, toca un punto que, aun cuando no se manifiesta de manera expresa en el pasaje citado, puede llevarnos a conclusiones equivocadas, como ocurrió precisamente en este caso: el relacionado con la difusión de la lengua por parte de los incas. Lo que no debe perderse de vista es que al tiempo en que los soberanos del Cuzco emprenden la conquista de las provincias del Chinchaisuyo, en particular la de los pueblos de la sierra centro-peruana, tales territorios no tenían otra lengua que no fuera el quechua. De manera que, en el mejor de los casos, los incas solo la habrían propagado en los valles interandinos del actual territorio boliviano, como el cochabambino, o la habrían afianzado, como ocurrió en 97

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