entre otros factores, a raíz de la unción del quechua cuzqueño como la variedad modélica de la lengua. La lengua aimara Al igual que en el caso del quechua, los estudios descriptivos, dialectales y comparativos del aimara se inician en la segunda mitad del siglo XX. Hasta entonces, por aimara solo se entendía la variedad altiplánica de la lengua, cuyas manifestaciones modélicas —la de Puno, primeramente, y la de La Paz, posteriormente— gozaban de cierta tradición en cuanto a estudios gramaticales y lexicográficos que se remontaban a la Colonia. Dicha percepción cambia radicalmente desde el momento en que las variedades locales que sobrevivían en la serranía limeña de Yauyos pasan a considerarse variedades hermanas de las hablas altiplánicas y en «paridad glotológica» con ellas (Hardman, 1966). Por su parte, la identificación de las variedades en Yauyos como lenguas aimaras continúa en duda precisamente debido a la falta de estudios comparativos y descriptivos y a su naturaleza insular en medio de dialectos quechuas igualmente desconocidos y subestimados Se imponía de este modo la revisión total de los estudios de la lengua cuya atención privilegiaba hasta entonces solo a las variedades altiplánicas con exclusión, por desconocimiento, de sus congéneres centrales, que en adelante se integran dentro de la familia «aimaraica», para emplear un adjetivo acuñado en el siglo XVI por el primer estudioso de la lengua. De esta manera la familia mencionada está integrada por dos lenguas, separadas por isoglosas fonológicas: la del Aimara Central (AC) y la del Aimara Sureño (AS). La primera comprende actualmente los remanentes de una entidad de mayor cobertura geográfica, y que, con nombre local propio, lograron sobrevivir ante el asedio constante del quechua: el jacaru y el cauqui (este último en proceso total de extinción); la segunda subsume el conjunto de dialectos locales, inteligibles entre sí, tradicionalmente referidos como aimara, y cuya distribución se reparte en los Andes sureños compartidos por el Perú, Bolivia y Chile. Clasificadas las lenguas aimaras en los términos señalados, lo primero que asombra es constatar la magra composición de los dialectos que integran AC, a diferencia de lo que ocurre con los miembros numerosos de la rama del AS. Evidencias de carácter filológico y onomástico, sin embargo, permiten restituir fácilmente el territorio continuo ocupado previamente por la familia, de manera que la situación insular de AC, y que fuera interpretada sin base 91
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