entre los estudiosos de las ciencias afines mencionadas, quienes siguieron por lo general con la vieja práctica de ignorar los aportes de sus colegas lingüistas, o en todo caso, de operar por cuenta propia, al margen de los esfuerzos desplegados por aquellos. Es cierto, como suelen argumentar especialmente los arqueólogos, que nuestras disciplinas persiguen objetivos distintos con métodos igualmente diferentes; sin embargo, ha llegado la hora de intercambiar ideas y de emprender estudios que, sin distorsionar los presupuestos teóricos y metodológicos propios a cada dimensión de estudio, puedan llegar a consensos básicos y fundamentales sobre algunos aspectos de la prehistoria andina, superando de esta manera viejas preconcepciones como las que hemos mencionado al principio. En función de lo expuesto, en lo que sigue ofreceremos, en primer lugar, lo que podríamos denominar una caracterización somera, y en lo posible consensuada, de las lenguas mayores del antiguo Perú, en lo que atañe a dos aspectos fundamentales: (a) su emplazamiento original, y (b) su distribución geográfica y dialectal. Para ello echaremos mano de los datos que nos ofrece la lingüística histórica andina y nos apoyaremos no solo en el trabajo estrictamente dialectológico y reconstructivo de las lenguas involucradas sino también en los estudios de carácter filológico, allí donde contemos con fuentes de naturaleza escrita, y onomástico, cuando tales materiales escasean o están del todo ausentes. En una segunda instancia, una vez caracterizadas las lenguas en los términos señalados, buscaremos establecer la cronología relativa de su uso y vigencia, respaldándonos esta vez, tanto en las fuentes históricas disponibles como en las informaciones provenientes de la investigación arqueológica. Concretamente, la cronología que nos interesa establecer corresponde aproximadamente a los periodos arqueológicos del Intermedio Tardío (1100-1450 d.C.) y del Horizonte Tardío (1450-1532 d.C.). La lengua quechua Los estudios dialectales llevados a cabo en la década de 1960, así como los trabajos comparativos efectuados a partir de ellos, demostraron de manera terminante que el quechua era en verdad una familia de lenguas, integrada por un conjunto de dialectos de los cuales la variedad cuzqueña era apenas una de ellas, si bien la más prestigiosa. Despojados de todo atributo que no fuera el estrictamente lingüístico, los diversos miembros de la familia idiomática podían ordenarse y clasificarse sincrónicamente, atendiendo a isoglosas de carácter fonológico-gramatical, en dos grandes ramas, a saber: 89
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx