coca mia madre mia es de hacer esto que te pido por la fe que tengo contigo por quien te sembro por quien te beneficio... por el inga, por la colla, por el sol y la luna que te alumbraron por la tierra en que estuuiste sembrada por el agua con que fuiste regada... (AHN, Inquisición, Libro 1031, año 1655, fol. 374v.-376v). Se percata a primera vista que estas oraciones no se consagraban solo a los diablos célebres, sino también al Sol y a la Luna, y a la tierra y al agua. Los conjuros ofrendados a objetos de culto tradicional andino —entidades y potencias consideradas «huacas»— habían sido definidos idolátricos por la Iglesia católica de aquel entonces, tan dispuesta a erradicarlos de los corazones de los indios. En relación con estos casos limeños que involucran a mujeres no indígenas, hemos de destacar el hecho de que el inca y su coya se convocaran al espacio de la hechicería popular y que se les atribuyesen un poder especial. También hay que notar que en el hechizo el inca y su reina aparecen casi siempre como una pareja. Aquellas mujeres que anhelaban por oraciones conseguir una relación más sólida entre ambos sexos pueden haber imaginado al cónyuge del inca y su reina como una fuente de potencia sexual. ¿Cuál es la naturaleza del inca que se asoma por estos hechizos? Unas pistas aparecen en los siguientes conjuros. hinga mio padre mio io te baptizo con este vino por la chrisma i por el agua que te falto en el baptismo io te brindo y te mingo a ti a todos tus sequaces a los tres maiores de la suerte... (AHN, Inquisición, Libro 1031, año 1655, fol. 383r). linga como a ti te falla el baptismo asi este vino que te echo te sirba de baptismo para que atormentandote en las penas en que estais hasta que no tengas aquello auido… (AHN, Inquisición, Libro 1031, año 1655, fol. 390r.-390v). Una clave para entender el fundamente de estos conjuros, es decir, la suposición de que el sufrimiento del inca se derivase de su condición de no bautizados, se encontraría en los sermones que los curas doctrineros pronunciaban en las parroquias indígenas cotidianamente. Al examinarlos, se deduce que los clérigos predicaban que los antepasados de los indios y los reyes inca del periodo prehispánico nunca habían sido salvados en el cielo, sino seguían sufriendo en los infiernos siendo no crismados y veneradores de diablos-huacas (Amino, 2001). Es posible que las mujeres españolas o mestizas de aquellos días hayan abrazado también este esquema catequético. Parece que ellas tomaban en serio el discurso de los predicadores, pues ofrecían vino al inca, en lugar de agua bendita, con el fin de rescatarlo de su angustia a la vez que, con la potencia así liberada, perseguir sus objetivos ilícitos. 863
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