pueblos indígenas de los Andes. El Inkarrí, existencia primordial del mundo, había sido decapitado por los españoles. La tradición afirma que, cuando su cuerpo haya vuelto a crecer de su cabeza enterrada, el inca llegará a unificarse como una entidad única y el mundo se invertirá completamente: ahí brotará una sociedad renovada en la que los pueblos indígenas se liberarían de toda opresión y sufrimiento. Esta forma de pensar, que parece haberse adoptado algunos aspectos de la escatología cristiana y anhela la creación de un futuro ideal, fue descubierta entre los pueblos indígenas (Tomoeda, 1992; Arguedas, 1987). Se puede decir que, a diferencia del inca histórico, este Inca-Inkarrí se desasoció del contexto de la historia y se transformó en «lo imaginario» (l’imaginaire). Así es que la creencia de que este inca ahistórico poseía cierto tipo de poder trascendental se ha documentado en la sociedad moderna, creencia a menudo considerada como un tipo de folclor andino. Pero, ¿dónde había estado escondida esta idea durante el periodo entre 1572 y el siglo XX cuando surgió en forma de tradiciones orales? Una clave para contestar esta pregunta se encuentra en un espacio menos esperado. En la Lima del siglo XVII, varias mujeres fueron castigadas como hechiceras en el tribunal del Santo Oficio de la Inquisición. Y gracias a las meticulosas investigaciones de los inquisidores, hemos podido rastrear un extraño mundo de conjuros y hechizos que esas mujeres habían construido. Allí sí aparecen «los incas místicos» (Mannarelli, 1985; Amino, 2001; Silverblatt, 2004)128. En la segunda mitad del siglo XVI, se establecieron tribunales de la Inquisición en Lima (1570) y México (1571) principalmente para procesar a los judaizantes (que, se sospechaba, continuaban el judaísmo en secreto después de haber sido bautizados-conversos) o a los protestantes, pero también funcionaban para corregir los errores de los católicos que habían abandonado el camino recto de la moral y ética cristiana. Precisamente entre los reos juzgados por desviación religiosa se encontraban aquellas mujeres denunciadas por haberse servido de supersticiones y hechicerías. Si bien se solía usar el término «hechicera» para referirse a estas mujeres, la «hechicería» que ensayaban ellas se clasificaría nada más que como «una magia de amor (love magic), en el sentido de que no era considerada excesivamente maligna ni perniciosa en sí misma (Mills, 2012). En la sociedad colonial peruana existían muchos ejemplos de hombres que habían dejado a sus esposas en la búsqueda de nuevas oportunidades políticas y económicas, y también hay casos de otros hombres, así como 861
RkJQdWJsaXNoZXIy MjgwMjMx