El imperio inka

especialmente en la época colonial, lo inca llegó a significar algo abstracto y «un ente» desconectado de cosas tan concretas. El antropólogo peruano Jorge Flores Ochoa ha comentado la creencia en un poder espiritual llamado enqa entre los pueblos agrícolas de los andes contemporáneos, y sugiere que este enqa podría quizá ser el inca (Flores Ochoa, 2002). Enqa es una sustancia espiritual que se manifiesta de distintas formas a la gente. Es un poder que da orden al mundo, que tiene el potencial de hacer cosas maravillosas y que trae armonía y estabilidad a la sociedad humana. Es la fuente de todas las cosas. El historiador Franklin Pease G. Y. ha argumentado que el concepto de enqa contiene en sí mismo la esencia del poder real de los incas (Pease, 2007). Afirma además que en el corazón de un gigante imperio que podía comandar tales reservas de recursos y mano de obra, trasladar piedras inmensas a su antojo, construir una nueva sociedad y ordenar el mundo, se encontraba el inca como enqa. Los vasallos descubrieron en el inca un poder que mediaba entre el mundo de los dioses y el de los seres humanos (ver Kaulicke en este libro, quien ha sugerido lo mismo basándose en la crónica de Betanzos). De hecho, en la obra de diversos cronistas se puede advertir que se creía que los reyes incas tenían un carácter divino. Para la gente común, el rey era un ser sacro e intocable (the sacred king), rodeado de múltiples tabús. Según el cronista Pedro Pizarro, todo lo que la persona del rey inca tocaba, sus vestidos y los huesos que dejaba después de comer, era guardado en una caja apartada de todo el mundo, y debía ser quemado periódicamente. Cuando el rey viajaba, lo hacía en andas para que su cuerpo sagrado nunca tocara el suelo, y las andas en sí estaban envueltas en una tela gruesa de lana para que no lo vieran los vasallos. Esta naturaleza del rey se mantenía incluso después de su muerte, cuando, como se sabe, su cadáver era momificado y tratado como algo sacrosanto (Pizarro, 1986). Fue así como el rey inca «divino» se ocultaba a la sombra del rey inca «histórico». Este último, según hemos observado, se logró establecer como genealogía histórica gracias a los esfuerzos de los nobles inca en la ciudad colonial de Cuzco. Aun así, los incas se convirtieron en un objeto de aspiración para aquellos que no estaban relacionados con ellos. El inca parece haberse transfigurado en un depósito de cierto tipo de majestuosidad. Si todo esto fuese así, sin embargo, ¿cómo fue que apareció luego con tanta naturalidad el concepto del inca como un poder sobrenatural? En el siglo XX, antropólogos peruanos como José María Arguedas (1987) descubrieron el mito de Inkarrí (inca rey) entre los 860

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