El imperio inka

rol más bien simbólico al representar «lo indio» frente a los conquistadores españoles127. Este es un excelente ejemplo de la rehistorización de los incas, es decir, la apropiación y reinterpretación de la historia inca por personas sin afiliación alguna con esta herencia. Podemos observar este tipo de rehistorización en diversos ámbitos de los Andes del siglo XVII. Diversas representaciones teatrales durante la fiesta de Nuestra Señora de Guadalupe de Extremadura en Potosí en 1601 merecen nuestra atención. Los actores indígenas interpretaban «El Inca, Señor de los Indios y La Imagen del Sol». Una mujer noble vestida con vestimenta española aparecía en escena, personificando el «cristianismo», mientras que una serpiente devoraba al inca, quien se sentía atraído hacia la mujer. Los personajes indígenas buscaban la ayuda de la Santa Madre y, al final, un caballero armado que figuraba el poder español salió a escena para salvar al rey inca. Era así como se simbolizaba la conversión religiosa del rey gentil (Saignes, 1990). El 23 de diciembre de 1659 se solemnizó en Lima un festejo para celebrar el nacimiento del príncipe heredero en la corte de Felipe IV en el que participó la población indígena de la ciudad y sus alrededores. En la plaza, construyeron una fortaleza falsa adonde entró el rey inca para luego simular una batalla con otros dos reyes. El inca era proclamado ganador y ocupó la fortaleza. Los tres reyes entonces ofrendaron solemnemente una «llave» de la fortaleza al retrato del príncipe heredero español colocado en una carroza (Mugaburu, 1975[1640-1697]). Incluso durante el siglo XVIII, los testigos seguían informando haber visto por todos los Andes los festivales organizados por la población indígena, en los cuales se asomaban temas incaicos. Según el viajero francés Amédée Frézier, quien presenció la ceremonia religiosa en honor de la Santa Madre en 1711, los indios vestidos con ropajes de los «antiguos Incas» desfilaban por distintas ciudades del virreinato. Dijo también que entre los escenarios se representó el de la ejecución de Atahualpa ordenada por Francisco Pizarro (Cummins, 1992). En 1724, una celebración en Lima, dedicada a conmemorar la abdicación de Felipe V a favor de su hijo, fue solemnizada en una serie de eventos que tuvieron lugar en diciembre. Los gremios de la ciudad de los Reyes exhibieron representaciones, y durante tres días, desde el 26 de enero del año siguiente, los indios también organizaron procesiones. Hombres vestidos como los reyes incas, desde Huáscar hasta Manco Cápac, paseaban en desfile por la Plaza Mayor vistiendo los trajes reales de los 856

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