Por supuesto, el deseo que estos descendientes de los incas tenían de asegurar su posición —de historizar al inca a su modo— no fue tan sencillo de alcanzar. En particular en la década de 1570, durante el gobierno de don Francisco de Toledo, el quinto virrey del Perú, el camino a la historización de los incas se vio seriamente obstaculizado. Este virrey, decidido a imponer la autoridad absoluta de la corona española sobre la sociedad andina y a justificar la conquista española de manera contundente, buscó negar cualquier grandeza y majestuosidad que pudieran ser asociadas con los incas y su imperio. Bien entrada la época colonial, las memorias e imágenes del solemne imperio incaico seguían revitalizándose aún a través de los restos materiales de su sofisticado sistema imperial, así como la habilísima construcción de sus edificaciones en todas las regiones o los vestigios de la red de caminos inca, a pesar de que mucho había sido asolado durante y después de las guerras de conquista. Quizá sería apropiado decir que Toledo se sintió obligado a vilipendiar al imperio incaico: resulta que el virrey y los cronistas que trabajaron con él equipararon al imperio incaico con un Estado despótico y definieron a los reyes incas como abominables «tiranos». 852
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