El imperio inka

entra primero el alférez real elegido entre los vecinos españoles de Cuzco, y luego empieza a marchar un portador indígena nominado por los veinticuatro electores de los nobles inca, ostentando la mascapaycha en la frente y con el estandarte real en sus manos. De acuerdo con un documento de fines del siglo XVIII que explica el contexto en el que se estableció esta costumbre, el honor exclusivo de usar la mascapaycha fue concedido por Carlos V justo cuando se les otorgaba el derecho de poseer las insignias heráldicas mencionadas. Como tal, podemos deducir que el origen del favor imperial compartió la misma trayectoria con la creación de la historia dinástica de los doce reyes. La elección del alférez real comenzó de manera oficial en 1595. Según un detallado reporte, escrito por Agustín Jara de la Cerda, alcalde y juez de naturales, el procedimiento oficial para elegir al alférez real se designó el 4 de julio de aquel año. En primer lugar, el juez ordenó que desde aquel momento se realizase la elección por votación secreta. También se entera de que estando las panaqas incaicas en Cuzco divididas en una mitad superior (hanan) y otra mitad inferior (hurin), el juez exigió a cada mitad que nominase doce miembros para conformar un comité de un total de veinticuatro electores. Luego se adquirió un libro para registrar las actas, y se dispuso finalmente que la misma elección se llevase a cabo cada año en el mes de junio, el día de San Juan. (ARC, Corregimiento: Causas Civiles, Leg. 2, Exp. 46; Amado, 2002). Como los electores designados por las doce familias reales podían llevar la borla real, recibían también el nombre de «incas legítimos de la mascapaycha». Quienes tuvieran dicho honor podían recorrer las calles de Cuzco como nobles incaicos. Esto se ha testimoniado de manera muy elocuente en una serie de cuadros conocida como «la serie de Santa Ana», que, según se cree, fue pintada en la segunda mitad del siglo XVII (Dean, 1999). Los lienzos ilustran la procesión del Corpus Christi, la festividad que rivalizó y en cierta manera superó en importancia local a la del mismo Santiago, y durante esa fiesta también salían los incas nobles. Se puede observar una carroza festiva llevada por las calles, acompañada por nobles incas que se ponían la mascapaycha en la frente y vestían trajes que, si bien parecían del periodo incaico, ya contienen en realidad elementos y diseños de origen europeo. La historia oficial de la dinastía inca fue así visualizada e historizada a través de los «cuerpos» de quienes se autodenominaban «incas nobles de Cuzco» (Dean, 1999; Okada, 2008; Amino, 2008a, 2008b). 851

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