El imperio inka

«doña», además de otros privilegios, sino que estaban exonerados del tributo y trabajo forzoso (mita) que se requería a los indios villanos. Fue así como se formó, en la capital imperial, una clase privilegiada de indios con dignidades especiales. Sobre este estatus, existe variedad de documentos de interés en los archivos de Cuzco. Se sabe, por ejemplo, que en 1544-1545, el emperador Carlos V decretó que los descendientes de las casas reales de inca (panaqa) que residían en Cuzco pudieran recibir insignias de nobleza. Estos documentos están traspapelados entre múltiples legajos en el Archivo Regional del Cuzco. Algunos de ellos están dirigidos a los «descendientes del Inca Huiracocha», a «los descendientes del gran Túpac Yupanqui» o a los «descendientes del Gran Lloque Yupanqui y Mayta Cápac». Cada familia real podía usar como escudo de armas diseños como la mascapaycha (borla de lana finísima de color rojo oscuro, insignia imperial del sapa inca o el único y supremo inca), el cóndor, el león, la serpiente, el sol, el arcoíris, entre otros (ARC, Corregimiento: Causas Ordinarias, leg.49, exp. 1122; Libro de Betancur I/II; ver Phipps en este libro)125. Se cree que la historia hereditaria, en la que Manco Cápac es el primer rey inca y Huayna Cápac el undécimo, se dejó escrita por primera vez en Relación de los Quipucamayos, una crónica compilada en aquella época (Someda, 1999). En este sentido se podría decir que unos diez años después de la Conquista ya se estaba formando lo que luego se convertiría en la historia dinástica común. Para que la corte española otorgara esa heráldica de la nobleza, el primer paso de los suplicantes era solicitarla a las autoridades, por lo cual sería correcto presumir que la nobleza incaica reconocía ya la importancia de sus acciones jurídicas durante aquel periodo, mientras en simultáneo se consolidaba la historia oficial incaica. Como consecuencia de ello, se estableció el derecho exclusivo de cada familia real (panaqa), visualizado en sus escudos de armas honoríficos. Este privilegio aristocrático se arraigó de forma definitiva con la historia oficial de los doce reyes y fue apoyado por el cabildo del «Alférez Real [portador del estandarte real] de los incas descendientes de las ocho parroquias del Cuzco». Para elegir a este oficial, se fundó una corporación electoral conocida como el «cabildo de veinticuatro electores de la nobleza inca». Esta era una institución única y sin paralelo en otras sociedades coloniales de Latinoamérica (Dean, 1999; Amado, 2002; Garret, 2005). Cada año, el 25 de julio, se celebraba en Cuzco la Fiesta de Santiago, santo patrón de España y de los conquistadores. Durante la procesión, 850

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