de los incas tuvo tres fases, modelo que hemos utilizado en las investigaciones anteriores para analizar la heterogeneidad de la imagen de «lo inca» (Amino, 2003, 2008a, 2008b)124. A continuación, presentaremos de forma concisa el carácter de cada fase del modelo. La primera es la historización de los incas que apareció cuando, basándose en la realidad histórica del Imperio inca, los líderes indígenas posteriores a la conquista (especialmente aquellos que se jactaban de ser descendientes de la línea recta de los reyes incas) intentaron integrar esta historicidad en los diversos discursos políticos que circulaban en la sociedad colonial. Mientras tanto, motivados por sus propios intereses, los personajes que no habían tenido ningún vínculo con los incas, comenzaron a apropiarse de lo inca historizado, y justo aquí se generó una rehistorización de los incas, lo que constituye la segunda fase. Más aún, en aquel momento, muchísimas personas, recurriendo al poder místico y trascendental que imaginaban que tuvieron los gobernantes incaicos, desvincularon a los incas de su contexto histórico, y aplicaron esta potencia para sus propios motivos. En el mundo de la imaginación, entre quienes se afligían, en los escalones inferiores de la sociedad, de pobreza y de los problemas sentimentales, se forjó una versión ahistórica y utópica de los incas, es a saber, una deshistorización y tercera fase que interactúo de manera compleja con la secuencia vital de las fases previas, la del inca historizado y rehistorizado. En este sentido, la imagen del inca se transformó en algo muy caleidoscópico para muchos contemporáneos. HISTORIZACIÓN DEL INCA La existencia de cronistas tan perspicaces y curiosos como Cieza de León permitió que una imagen general de la historia incaica surgiera y se asentara en las escrituras históricas. Aun así, también aparecieron muchas otras personas que, aprovechándose de la maleabilidad de una historia que todavía no terminaba de cuajarse, condujeron registros con el afán de lograr objetivos políticos o personales, o para mejorar su posición en el nuevo orden de la sociedad colonial. Si bien es cierto que los españoles se encontraban en la posición privilegiada para manipular las informaciones escritas, esto es, para historizar a los incas como quisieran, no fueron los únicos en recurrir a esquemas tan estratégicos. Es importante señalar que los pueblos indígenas, la mayoría de los cuales todavía no estaban familiarizados con la cultura escrita de los forasteros occidentales, ya se involucraron en el proceso creativo de construir «su» historia. 848
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