El imperio inka

plebeyas, que solían ocupar los peldaños sociales más bajos de la sociedad y no tenían vinculación directa ni con la cultura incaica ni con su historia. Previamente a la conquista, la sociedad inca preservó su historia solo por la transmisión verbal y memoria oral. Para los españoles, cuya mentalidad se enraizaba totalmente en el mundo de l’écriture (la escritura), esa historia parece estar conservada de manera demasiado voluble, así es que ellos se precipitaron a plasmarla por escrito. Después de los acontecimientos en Cajamarca, muchos testigos como Francisco de Jerez comenzaron a describir, en calidad de observadores de primera mano, información no solo sobre la conquista, sino sobre distintos aspectos de la sociedad andina (ver Salomon en este libro). Pedro de Cieza de León, príncipe de los cronistas, viajó por el mundo andino y construyó una detallada y exhaustiva historia de los incas sobre la base de una meticulosa investigación y de entrevistas «antropológicas» a los informantes locales y descendientes de los incas. Después de la Conquista, muchos españoles se casaron con princesas de la familia real inca y uno de estos hombres, Juan de Betanzos, escribió una historia altamente informativa sobre los incas basada en su profundo conocimiento de la historia oficial de la corte real (ver Salomon y Kaulicke en este libro). Gracias a estos cronistas, los trazos generales de la historia inca finalmente se perfilaron en las escrituras. Estas historias, saturadas de agendas e ideologías personales, se convirtieron en el escenario de los argumentos de quienes perseguían intereses económicos o políticos. De forma simultánea, por debajo del nivel social de los cronistas españoles, la imagen de los reyes inca, que se creían haber ejercido un poder inmenso y sobrenatural en el antiguo mundo andino, se transformó en una fuente de esperanza mística para las clases oprimidas que buscaban liberarse de los yugos colonialistas, incluyendo a las mujeres subalternas dominadas emocional y materialmente en lo más profundo de una sociedad «machista». Es por ello que, después de la conquista, diversas imágenes de los incas empezaron a ser fraguadas y alimentadas por personas pertenecientes a distintos contextos sociales: entre los conquistadores y conquistados, y entre mujeres y hombres, los incas se transfiguraron en una entidad multifacética. Las limitaciones de un capítulo tan corto no nos posibilitan estudiar con minuciosidad la faceta variopinta de los incas durante el periodo colonial. Aun así, para tantear un entendimiento sistemático del carácter multivalente de los incas, planteamos la hipótesis de que la historización 847

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