El imperio inka

invasores europeos (Fernández de Oviedo y Valdés, 1851-1855[1534], p. 241; Salomon, 1986, pp. 181-182). Después de fracasar en su intento por detener el avance de Benalcázar en la sierra central, el ejército defensor se retiró a Quito. Allí juntaron lo que quedaba la población inca y huyeron hacia el oeste en dirección a la ceja de selva de Yumbos en el flanco oriental de los Andes (Cieza, 1998[1553], pp. 290-293; Estupiñán, 2003; Salomon, 1986, pp. 183-184). Los hombres de Benalcázar continuaron en su ofensiva y capturaron a la mayoría de mujeres y niños del Inca Atahualpa, así como los objetos preciosos que llevaban consigo, aunque la unidad militar logró escapar para continuar la lucha durante algunos meses más (Cieza, 1998[1553], pp. 292-293, 304306); Estupiñán, 2003). A primera vista, la decisión de los incas quiteños de buscar refugio en los bosques tropicales de Yumbos llama la atención. Los incas solían despreciar a esta región y a sus habitantes y se referían a los yumbos como «salvajes desnudos» que no ameritaban ni siquiera el esfuerzo de ser conquistados (Cabello Balboa, 1951[1586], p. 438). Pero resulta claro de la evidencia arqueológica y etnohistórica que la población de montaña a ambos lados de los Andes ecuatoriales mantuvo un estrecho contacto con sus vecinos de andinos y desempeñó un papel clave como intermediarios y comerciantes en el gran reino del norte (Bray, 2005; Lippi, 1998, 2004; Oberem, 1980; Salomon, 1997). Así que, si bien esta región pudo haber sido la antítesis del dominio normativo de los incas, no era un sector que pudieran —o quisieran— ignorar (ver también Schjellerup en este libro). El hecho de que el bosque tropical fuese visto como un refugio seguro en las zonas aledañas a Quito y Cuzco (por ejemplo, Vilcabamba) durante los últimos días del Imperio sugiere que existía una relación mucho más compleja entre el estado imperial y las tribus de los bosques tropicales de lo que tradicionalmente se sugiere. En los Andes ecuatoriales, un número inusual de sitios con evidencia de presencia inca fueron identificados en la montaña de las pendientes occidentales de la región alrededor de Quito. Estos incluyen Palmitopamba (Lippi & Bray, 2003; Lippi & Guidiño, 2010), Chakapata y Capillapamba (Jara, 2007, pp. 50-51), Malqui-Machay (Estupiñán, 2011), y, potencialmente, el todavía enigmático sitio de Tulipe (Jara, 2007; Salomon & Erickson, 1984). Aunque el contacto entre los incas y los Yumbos probablemente ocurrió al comienzo de las campañas del norte, usualmente se considera que la información etnohistórica sugiere que la región nunca 835

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